In Memoriam

Mi papá, Moisés Lejter Kizner Z’L, falleció en Madison, Wisconsin el 29 de octubre del 2026. Tenía 94 años. Estoy tratando de ver cómo se ordena un obituario en uno de los periódicos de Caracas, el Nacional o el Universal, pero pareciera imposible hacerlo online, así que aquí va por esta vía. Espero que de alguna manera esta triste noticia y algunas de estas palabras le lleguen a muchos de quienes tuvieron la suerte de conocerlo.

Mi papá era un gran médico, un excelente profesional, admirado por tantos, hizo historia en el Hospital Militar de Caracas, en el Hospital de Coche, en la Clínica de Emergencia Infantil, que fundó con varios colegas y de la que tengo vívidos recuerdos, de él y de mi mamá que era la administradora de la clínica. Pero otros pueden hablar de sus innumerables logros, de la Orden Francisco de Miranda que recibió, de cómo tenía cientos de artículos publicados, de sus sesiones como Orador de Orden, muchos podrán recordar las miles de maneras como el impactó la vida de tantos.

Yo prefiero escribir de mi papá, mi padre, que volvía de uno de sus trabajos a almorzar a la casa, dormía una siesta de media hora y mi mamá le preparaba un café para ir al trabajo de la tarde, él vertía el café caliente sobre el platico para que se pusiera menos caliente y se lo tomaba del platico. Mi papá, que me dio a conocer a los grandes poetas, la gran música de todos los tiempos, con sus miles de discos y los libros que llenaban la casa desde el piso hasta el techo. Los discos y libros están todavía en su casa en Caracas. Recuerdo que una vez llegué del colegio, estando yo en primaria, y le dije muy orgullosa que había sacado una A en alguna asignatura. El levantó la vista del periódico que leía, me sonrió con una de sus dulces sonrisas, y me dijo, con estas mismas palabras: “No esperaba menos de ti.” En aquel momento yo me sentí confundida, pero luego—mucho tiempo después— entendí que para él, la vida se trataba de tener los estándares más altos, de hacer siempre lo mejor, de hacer siempre lo correcto, aunque doliera. Su sentido del deber y de la responsabilidad eran casi tan gigantes como su generosidad, que ofreció siempre a todos, aunque no lo merecieran. Nunca se dejó tentar por el poder. Una de sus frases favoritas era “el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente todo.”

Mi papá, hijo de inmigrantes judíos de Rumania, luego Ukrania, que llegaron a Venezuela con sólo la ropa que tenían puesta y se instalaron en un pequeño y aislado pueblo. Mis abuelos no educaron a sus hijos en la tradición judía, ni les enseñaron el Yiddish que hablaban entre ellos. Mi papá fue autodidacta en el judaísmo y en casi todo lo demás, con su sed insaciable de conocimiento y cultura que nos contagió a todos en la familia.

Mi papá, que nos llevó a sus tres hijos a conocer el mundo con mi mamá, tantos viajes que hicimos, tanto que caminamos juntos por todos aquellos países lejanos. Mi hermano Luis siguió la tradición y se encargó de seguir paseándolos por el mundo, muchos años después. El no sabía entonces cómo, aun hoy en día, medio siglo después, tengo imágenes grabadas de aquellos viajes.

Mi papá perdió la vista y esa fue una de sus grandes tragedias, tal vez la mayor de todas. Sus últimos años los pasó oyendo las noticias y los libros que mi hermano Moi le ponía todos los días. Tuvo la misma inteligencia y mente lúcida hasta el final, y también su sentido del humor, cuando le pidió a Moi que le pusiera las noticias “para ver si han secuestrado a algún otro presidente.” Nos reímos, y por un momento estábamos como siempre y no en su lecho de muerte.

Es un consuelo que pude estar con él hasta el final, y que pudimos hablar y pude decirle cuánto lo quería y cuánto lo queríamos todos: sus hermanos, sus hijos, sus sobrinos, sus nietos. Es un consuelo que él estaba en paz, en paz consigo mismo y con el hecho de que estaba por irse. En algún momento me dijo: estoy yendo hacia el gran misterio.

Mi papá, que también era poeta y que recitaba poemas de memoria. Es muy apropiado despedirme con un poema y así, te digo papi, esta frase de Aquiles Nazoa, ese poeta a quien leí por ti y a quien conociste en persona en las calles de Caracas, como me contaste alguna vez: “La tierra te sea leve, y mi elegía un poquito más leve todavía.”

Nelly Carolina Lejter